¿Es más fácil fingir una sonrisa que explicar porqué estás triste?

El título de este post es una frase que corre por internet desde hace tiempo y que cada vez que la veo, me chirría en lo más profundo, lo que hace que la plantee entre interrogaciones. Si sigues leyendo entenderás porqué.

 

Tristeza, felicidad, miedo e ira son algunas de las emociones básicas del ser humano, todxs las experimentamos desde que tenemos memoria y las reconocemos como inevitables. Otra cosa es que nos guste sentirlas, especialmente estas que no suelen parecernos positivas aunque todas ellas tienen su aquél.

 

En mi consulta de Coaching en Madrid, recibo muchxs clientxs que acuden a ella con el objetivo de ser felices. Hasta ahí, todo parece normal, ¿quién no quiere ser feliz? El caso es que hay otrxs muchxs que vienen porque su objetivo es dejar de estar tristes. ¿Cuál es la diferencia? ¿Hay alguna? Alguna hay, ya hablaré del primer caso, de aquellxs cuyo objetivo es ser felices, pero hoy voy a centrarme en lxs que quieren dejar de estar tristes. Empecemos por el principio.

 

Curiosamente, según muchxs expertxs, nuestro cerebro está mejor preparado para enfrentar esta emoción, la tristeza, que cualquier otra y, sin embargo, probablemente sea la que todxs preferimos evitar en nuestro día a día y la más identificable para unx mismx y para lxs demás: un rostro triste suele disparar nuestra empatía y movernos a actuar antes que cualquier otra emoción ajena, ¿quién no recuerda los ojitos tristes del Gato con Botas en Shrek?

 

Normalmente la tristeza aparece cuando experimentamos alguna pérdida de la que podemos ser conscientes (una ruptura, un fallecimiento) o no (una decepción, una desilusión, la sensación de "vacío existencial", la carencia de un sentido de vida...) en cualquier caso, cada tristeza es un mundo tan único como cada persona que la experimenta y hay tantas cosas que pueden hacer surgir la tristeza como minutos en una hora: a cada persona le afectan unas y no otras, lo que puede llegar a hacer que nos sintamos, no solo tristes si no además, incomprendidxs.

 

El hecho mismo de que haya tantas "oportunidades" para sentirse triste y que nos cueste tanto identificar que ese malestar que nos ronda está relacionado con la tristeza, dice mucho del tratamiento que esta sociedad le da a esta emoción. Una cosa está clara: sea cual sea la tristeza que hay en ti, si no te permites sentirla, si sólo quieres apartarla de ti y ser feliz, vivir en la permanente felicidad, llegará el día en que necesites acudir a mi consulta con las mismas demandas de las que hablaba al principio. ¿Qué crees que te impide darte permiso para sentirte triste? A ver si esto te suena...

 

Últimamente se habla mucho de la felicidad, de que tenemos que ser felices, de cómo lograrlo, del “sonríe siempre”…A veces tengo la sensación de que se nos ha olvidado que la vida son luces y sombras, que sin tristeza no seríamos conscientes de que existe la felicidad, de que la felicidad puede ser, por ejemplo, disfrutar de los momentos en los que no estamos tristes, nos olvidamos de que todas las emociones que experimentamos aparecen para algo y algo nos dicen si nos dignamos a escucharlas en lugar de bloquearlas o hacernos lxs sordxs.

 

Cierto es que vivir en la negatividad no aporta nada bueno, que caer en el pesimismo o ver el vaso siempre medio vacío no ayuda mucho, pero también es cierto que las emociones negativas nos dan una perspectiva vital diferente, que nos permite aprender de experiencias para no repetirlas o estar prevenidxs en caso de que sea inevitable que sucedan. De lo que se trata es de permitirse sentir. Todo. Lo bueno, lo menos bueno y lo malo, lo pésimo y lo mejor. Darnos tiempo para experimentar, vivir los duelos, sentir las pérdidas, aprender a escuchar a nuestro corazón en lugar de ponerle armaduras. Aceptar que el dolor o la tristeza, son parte natural de la vida y están en nosotrxs por un motivo, con un fin.

 

Sin embargo, cuando unx se decide a permitirse sentir su tristeza, el mundo moderno te sigue exigiendo que seas feliz, que dejes de lado cualquier emoción “improductiva” porque es mejor mantener un perpetuo estado de ánimo positivo, que te permite ser más productivx, más agradable, mejor vistx por la sociedad, más merecedor/a de ser queridx, admiradx, seguidx, buscadx….

 

Si tienes dudas sobre esto, plantéate alguna ocasión en la que te hayas sentido conscientemente triste y cuántas personas con las que hayas compartido tu sentir te han dicho: "anímate", "alegra esa cara","no llores", "no es para tanto", "eres un/a dramas"...y eso te ha ayudado a...sentirte mucho peor y preferir ignorar esa emoción ante la que todo el mundo reacciona tan mal. Parece que no nos gusta estar tristes y menos aún que lo estén lxs demás.

 

Lo que está claro es que algo no se vende si no hay alguien que lo compra y ¿quién no compraría su pedacito de felicidad?, está claro también que esta cultura del Happy Forever lleva años condicionando nuestras cabezas (al corazón es mucho más difícil comprarlo) y que cualquier alternativa que nos saque de esa utópica felicidad lleva las de perder. Por supuesto ser felices, disfrutar, evitar el sufrimiento, es algo que todxs anhelamos, ésta es la clave para que ese Happy Forever sea tan efectivo y duradero. Paradójicamente, la misma cultura de evitación de las emociones negativas, de búsqueda de la felicidad infinita y constante, es la causa de que haya quienes acuden a mi consulta diciendo “quiero dejar de estar triste”. ¿Ves la relación?

 

Tengamos presente que, como seres humanos, somos seres complejos a nivel emocional y relacional y que no existen fórmulas, píldoras ni tónicos que nos aseguren la felicidad constante. En cualquier caso, si algo es constante y permanente, ¿cómo podemos llegar a apreciarlo? Es decir, si siempre nos encontrásemos en un estado de felicidad (como deberíamos hacer según las agencias de márketing y publicidad, ese Happy Forever del que hablo) ¿cómo seríamos capaces de ser conscientes de que somos felices?

 

Si no hay Luz, no hay Sombra, sin Orden no existe el Kaos luego sin tristeza la felicidad se evapora. Precisamente por su fugacidad, por su impermanencia, buscamos encontrarla y “bañarnos” en ella. La pega enorme es que evitar la tristeza, el dolor (que no el sufrimiento, ojo que son cosas diferentes) y todas las emociones que se supone que debemos evitar, no nos convierte en seres felices, si no en seres engañados.

 

Si nos fijamos, esa cultura de la felicidad que inunda nuestros ojos y oídos está basada en su gran mayoría en cosas que tener (el mejor coche, la mejor casa, la lavadora más rápida…) o en cómo debemos ser externamente (cachas, guapxs, delgadxs…) y deja completamente de lado el Ser Interior, mi auténtico Yo, basando toda tu felicidad en estímulos y posesiones externos, ajenos a ti. ¿Dónde quedan las cosas realmente importantes, aquellas que sí convierten un día negro en uno luminoso, las que definen el tipo de persona que eres? la amabilidad, la compasión, el ocuparse de otrxs, las puestas de sol, los besos y los abrazos de nuestros seres queridos, los pequeños detalles que cambian nuestro humor y que nos hacen valorar las “cosas” que nunca nos detenemos a ver. ¿Cómo de conscientes somos de que esos pequeños momentos están presentes en nuestra vida? ¿de cuántos momentos felices eres consciente cada día? ¿qué hace que, si te preguntan si eres feliz, suelas decir que sí?

 

Para que puedas ser consciente de toda la Felicidad que hay en tu vida, es imprescindible que seas capaz de descubrir tu Tristeza, cuando identifiques una, la otra surgirá inevitablemente. Mientras practicas e identificas tu tristeza (si es que en este momento la hay o si recuerdas alguna que quisiste ocultarte y anda por ahí perdida) te invito a que, tan solo por un día, intentes practicar la felicidad, prestar atención a esos pequeños momentos que te alegran y que podrán ser muchos o pocos, pero te aseguro que si miras con detenimiento, encontrarás alguno.

 

Cuando los descubras, quizás te asombre sentir que las cosas que te provocan tristeza o las tristezas que hace tiempo "olvidaste", salen a la superficie y cuesta mucho menos identificarlas. Ese será el momento perfecto para permitirte sentirlas, teniendo como ancla los momentos felices que has descubierto.

 

Como siempre, si no sabes cómo hacerlo o crees que necesitas ayuda, no lo dudes y contacta, hablaremos de cómo y por qué estar triste para poder ser feliz. Entre tanto ¡disfruta de tus días!

 

 

 

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